El ser humano de hoy parece haber olvidado que tiene muchos más sentidos al margen del puramente visual, imperante sin lugar a dudas, en un mundo multimedia como el nuestro. Los sentidos y percepciones de antaño parecen dejar de ser importantes, como quedando relegados a un segundo plano de existencia.
Cada vez más, el tacto se percibe por la suavidad del teclado del portátil; el oído, por la claridad que manifiesta el móvil en espacios cerrados; la vista, por la nitidez de los televisores digitales de plasma; el gusto, por la perfección con que se puede imitar un caldo casero a través de un preparado en polvo, y el aroma queda limitado a los perfumes de moda. Sin embargo, cuando no tenemos prisa y nos podemos permitir el lujo de respirar con profundidad, de "oler", nos damos cuenta de que el día ha amanecido húmedo y que por la noche los árboles huelen diferente.